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Envidia y Contención

Posted in Mensajes Cristianos, Uncategorized, vida cristiana with tags , , , , , , , on marzo 27, 2012 by Centro CREE - Centro Cristiano Reino de Embajadores

“Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; y otros también de buena voluntad. Los unos predican a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es predicado; y en esto me gozo, y me gozaré aún” (Filipenses 1:15-18 RVG10-R).

¡No hay tema que no esté en la Escritura! ¿Alguna vez has sentido que alguien hace algo “bueno” (las comillas son muy validas) solo para competir contigo, contender o porque su motivación es que te envidia. Yo lo he sentido, al igual que muchos seres humanos que hemos compartido con otros seres humanos sobre esta tierra. La envidia y la competencia contenciosa (para distinguirla de la “sana” competencia – si es que tal competencia existe en el cuerpo de Cristo) son males comunes de la humanidad y sus concupiscencias. ¿Nunca te has visto tentado o tentada a envidiar o contender? ¡Yo sí, muchas veces! Es interesante que el Apóstol Pablo se sintiera igual en su ministerio y que aún hubiera algunos predicando a Cristo por envidia y contienda… parece mentira, pero no lo es. Pablo asumió una actitud que tu y yo debemos emular en estas situaciones y creo que este verso la expresa muy bien:

“¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es predicado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.”

En otras palabras Pablo decidió no entrar en esa “carrera de ratas” (como le llaman los americanos en ingles: “rat race”) y más bien, alegrarse de que aunque no tuvieran las mejores intensiones del corazón los que competían con él contenciosamente porque le envidiaban de todas  formas Cristo era predicado. O sea, la gente se convertiría por la fe en el Evangelio, aunque los predicadores tuvieran el corazón envenenado de envidia y contención; Dios honraría la fe de los que escucharan el Evangelio y juzgaría las obras de los predicadores de acuerdo a las intensiones de sus corazones en su debido tiempo. Ahora bien, ¿por qué no debemos contender o envidiarnos los cristianos?

Hablemos primero de la envidia. La envidia tiene su origen en la codicia de los bienes materiales o no del prójimo, ¿o no? ¿Cuando alguien te envidia lago, no es que desearía tenerlo él o ella? ¿Cuando has envidiado algo no es que piensas que eras tú más merecedor de lo que le otro tiene? Claro que sí… por eso la envidia viola el mandamiento de:

No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la esposa de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17 RVG10-R).

Pablo nos explica que la infracción de esta ley es infringir la ley del amor al prójimo:

“Porque: No cometerás adulterio: No matarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: No codiciarás: Y cualquier otro mandamiento, se resume en esta frase: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley” (Romanos 13:9-10 RVG10-R).

Santiago por su parte nos advierte contra la codicia y envidia diciendo que es la causa de las contiendas entre los hermanos:

“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar, combatís y guerreáis, y no tenéis porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:1-3 RVG10-R).

Pero también nos explica la causa de la envidia y la codicia: el egoísmo. Los que están atacando a sus hermanos porque los envidian por tener cosas que ellos codician y no pueden alcanzar; estos no las pueden alcanzar porque no piden bien a Dios, piden con egoísmo: “para gastar en sus propias deleites”. Es el egoísmo la raíz de que no tengan las cosas que codician de otros, de que Dios no responda sus oraciones, de que no se alegren de la prosperidad del prójimo y más bien los envidien; cuando se deben alegrar con ellos:

“Y si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él; o si un miembro es honrado, todos los miembros con él se regocijan” (1 Corintios 12:26 RVG10-R).

Entonces, hemos explicado las razones por las que un cristiano no debe envidiar:

  • porque es codicia del bien del prójimo
  • no es amar al prójimo como a nosotros mismos
  • es producido por egoísmo
  • produce contiendas y guerras entre hermanos
  • rompe la unanimidad del cuerpo de Cristo.

Pero, ¿cómo evitamos la envidia y las contiendas que esta trae? La Biblia nos ayuda con esta respuesta. Si la envidia (que es codicia) que produce los conflictos entre hermanos es producida por el egoísmo, ¿cuál es el antídoto al egoísmo?  Es el amor modelado por Jesús a los hombres para que viviéramos de acuerdo a ese estándar y que a su vez nos capacitó por su Espíritu para poderlo hacer:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; que como yo os he amado, así también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34-35 RVG10-R).

“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como también yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Éste es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; mas os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído de mi Padre. No me elegisteis vosotros a mí; sino que yo os elegí a vosotros; y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre; Él os lo dé” (Juan 15:8-16 RVG10-R).

“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna morando en sí. En esto conocemos el amor de Dios, en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano tener necesidad, y le cierra sus entrañas, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de Él. Porque si nuestro corazón nos reprende, mayor es Dios que nuestro corazón, y Él conoce todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos para con Dios; y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Él, y Él en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Juan 3:14-24 RVG10-R).

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo el que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él. En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros. A Dios nadie le vio jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se perfecciona en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en Él, y Él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto es perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor conlleva castigo. Y el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso; porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de Él: Que el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:7-21 RVG10-R).

“…el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado” (Romanos 5:5 RVG10-R).

“Porque el amor de Cristo nos constriñe [G4912συνέχω - sunechō -  ser forzado, movido, impelido, activado…][1], pensando esto: Que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15 RVG10-R, itálicas añadidas por autor).

El amor de Dios se ha derramado entonces en nuestros corazones, pero no solo para amarnos a nosotros; sino que también, ese amor, que se expresó muriendo en la cruz por nosotros está buscando expresarse una vez más a través de nosotros a un mundo que lo necesita. Este es el verdadero significado de porque debemos tomar nuestra cruz cada día negándonos a nosotros mismo, es porque esa es la expresión del amor de Dios como la expresó Jesucristo, amar a los demás sin egoísmo. Teológicamente ya resolvimos el asunto de la envidia que nace del egoísmo, tenemos que amar al prójimo como Dios nos amó en Cristo; pero esto es más fácil así a un nivel teológico que llevarlo a la práctica. ¿Cómo llevamos ese amor teológico a un amor práctico? La Biblia también nos enseña:

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, mas no todos los miembros tienen la misma función; así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. Teniendo, pues, diversidad de dones según la gracia que nos es dada, si profecía, profeticemos conforme a la medida de la fe; o si ministerio, usémoslo en ministrar; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que da, hágalo con sencillez; el que preside, con diligencia; el que hace misericordia, con alegría. El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, apegaos a lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal, en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. Diligentes, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación, constantes en la oración. Compartiendo para las necesidades de los santos; dados a la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; y llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros, no altivos; condescended para con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si fuere posible, en cuanto esté en vosotros, vivid en paz con todos los hombres. Amados, no os venguéis vosotros mismos, antes, dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer, y si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, mas vence con el bien el mal” (Romanos 12:4-21 RVG10-R).

Pablo enseña más detalladamente esta visión de la Iglesia como un cuerpo orgánico en que cada miembro es un órgano necesario para los demás y necesitado de los demás en 1 Corintios 12 y lo puede leer luego, pero quiero hacer notar este pasaje en específico:

“Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo en particular a cada uno como Él quiere. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo, ya sean judíos o gentiles, ya sean siervos o libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo; ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo; ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como Él quiso. Que si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?” (1 Corintios 12:11-19 RVG10-R).

Si con detenimiento entendemos este pasaje y el anterior aprenderíamos que:

  • lo que tenemos lo tenemos por gracia;
  • también las funciones que Dios nos ha dado dentro del cuerpo de Cristo son por su gracia, no por nuestros meritos o competencia (y esto lo veremos otra vez más adelante);
  • que aunque Dios por su Espíritu usa el gobierno de la Iglesia local para colocar a cada miembro en cierta función, no es el ser humano que pone ni quien se pone a sí mismo, sino Dios por el Espíritu;
  • que codiciar la función del otro no solo es envidia, egoísmo y causa de contienda; sino que también tener falta de agradecimiento por lo que Dios sí nos ha dado y hasta podría convertirse en una rebelión contra la soberanía de Dios en su Iglesia (después de todo es Él quién ha repartido las funciones y las posiciones).

Pablo culmina 1 Corintios 12 e inicia el capitulo 13 hablando de que todos esos dones, manifestaciones y operaciones que hace uno y el mismo Espíritu de manera diversa en distintos miembros; no son superiores al amor que llama “un camino más excelente”. Envidiar a alguno de nuestros hermanos es pasar por alto nuestra propia bendición y si (como algunos piensan) no la hemos recibido aún, deberíamos mirar cómo está nuestro corazón que no la hemos recibido a pesar de haberla pedido. Caín es un ejemplo negativo de esto, pues al no recibir la bendición por su ofrenda se encendió en ira contra su hermano envidiando la bendición que este si había recibido y lo mató. Miró la bendición del hermano con codicia y no miro su propio corazón para recibir su propia bendición como dice la escritura:

“No como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3:12 RVG10-R).

“Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu rostro? Si bien hicieres, ¿no serás exaltado? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú señorearás sobre él. Y habló Caín con su hermano Abel. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató” (Génesis 4:6-8 RVG10-R).

Nuestra competencia debe ser contra nosotros mismos para que Cristo, su voluntad y su amor venzan en cada una de nuestras decisiones. Competir con los demás miembros del cuerpo no solamente es innecesario (pues cada cual tiene su lugar, su función, bendición y herencia en el Señor); sino que también es absurdo y tonto. Quisiera comparar al que envidia a otros hermanos en la Iglesia como el perro que persigue su propia cola dando círculos, no llega a ningún lado, cansándose de luchar por lo que ya tiene y cuando para su opinión logra lo que quiere (alcanzarse la cola) lo que ha logrado es morderse a sí mismo y mutilar su propio cuerpo.

Toda competencia que hagamos en nuestras propias capacidades humanas para alcanzar alguna función, posición o ministerio en el cuerpo de Cristo es infructuosa y carnal:

“Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia viene de Dios; el cual también nos ha hecho ministros suficientes del nuevo testamento; no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Corintios 3:4-6 RVG10-R).

“Mas si os mordéis y devoráis los unos a los otros, mirad que no os consumáis los unos a los otros. Digo, pues: Andad en el Espíritu; y no satisfagáis la concupiscencia de la carne. Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no podáis hacer lo que quisiereis. Mas si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, desenfrenos, y cosas semejantes a estas; de las cuales os denuncio, como también ya os denuncié, que los que hacen tales cosas, no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros” (Gálatas 5:15-26 RVG10-R).

Amados, ¿qué otras palabras podríamos añadir a las del Apóstol Pablo en este pasaje de Gálatas? Amémonos y así andemos en el Espíritu con el favor y la gracia que da Dios. ¡Amén!


[1]From Thayer Bible Dictionary:

1) to hold together

1a) any whole, lest it fall to pieces or something fall away from it

2) to hold together with constraint, to compress

2a) to press together with the hand

2a) to hold one’s ears, to shut the heavens that it may not rain

2b) to press on every side

2b1) of a besieged city

2b2) of a strait, that forces a ship into a narrow channel

2b3) of a cattle squeeze, that pushing in on each side, forcing the beast into a position where it cannot move so the farmer can administer medication

3) to hold completely

3a) to hold fast

3a1) of a prisoner

3b) metaphorically

3b1) to be held by, closely occupied with any business

3b2) in teaching the word

3b3) to constrain, oppress, of ills laying hold of one and distressing him

3b4) to be held with, afflicted with, suffering from

3b5) to urge, impel

3b5a) of the soul

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